El adjetivo «compositor» rara vez ha formado parte de mi descripción profesional. Esta reticencia no surge de la modestia, sino de una profunda convicción: la considero una vocación que demanda un proceso creativo complejo, cimentado en una madurez artística y un dominio musical sólidos. Estos son los cimientos sobre los cuales se erige la capacidad de plasmar en una obra un intelecto y una voz personal, dotados de un razonamiento musical intrínseco.
Un encuentro virtual en Bogotá
Mi camino me llevó recientemente a un evento que reavivó esta reflexión. Tuve el honor de participar como ponente en el II Congreso Latinoamericano de Vientos y Percusión, celebrado virtualmente en noviembre de 2020 por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fue mi mentor, el maestro Miguel Etchegoncelay, quien me animó a presentarme al foro «Presenta tu Obra», un concurso moderado y juzgado por el eminente compositor colombiano Victoriano Valencia Rincón. Esta oportunidad fue un gran aliciente. Desde hace años, he tenido el privilegio de trabajar y dirigir la música de Victoriano, cuya escritura artesanal y sutil considero una referencia fundamental para los ensambles de aliento y percusión en el panorama latinoamericano.
De Barcelona a Antequera: el nacimiento de una pieza
El germen de la composición que presenté en el congreso se sembró en 2018, durante mis primeras exploraciones por España. Tras una fructífera estadía en Alzira, donde aprendí de los maestros José Rafael Pascual Vilaplana y Franco Cesarini, mis pasos me llevaron al Barrio Gótico de Barcelona. Fue en esas caminatas finales por suelo español que una sencilla melodía se apoderó de mi mente. Grabé la idea en mi teléfono y, tan pronto como llegué a Mónaco, me dediqué a su escritura. Desde el inicio, la pieza adoptó un nombre: Antequera.
La inspiración para el título me transportó a una conversación con el director Alberto Sánchez Castillo. Compartíamos horchatas en Alzira y discutíamos sobre las ricas tradiciones bandísticas de España y México. Me sorprendió su asombro ante las similitudes musicales entre ambos países. Fue entonces cuando le conté sobre La Verde Antequera, el antiguo nombre de mi estado natal, Oaxaca, y cómo este término resonaba con la homónima ciudad en Málaga, bautizada así en 1532 por el Rey Carlos I de España.
Mirando hacia el futuro
Mi obra Antequera fue seleccionada, junto a las de otros cinco compositores de Colombia, Chile y Ecuador, para ser presentada en el congreso. Agradezco enormemente a Victoriano Valencia por esta oportunidad. Si bien la denominación de «compositor» sigue siendo una meta a largo plazo para mí, confío en que esta música vea la luz pronto. Mientras la crisis sanitaria cede, no queda más que seguir profundizando en el estudio, preparándonos para una nueva normalidad. Atacaremos de nuevo, con la vehemencia y la esperanza de que los proyectos que han quedado en pausa finalmente florezcan.
Fco. Javier VARGAS LUNA
Noviembre de 2020, Estrasburgo.






