El pasado 14 de febrero de 2026 dirigí por primera vez a la Camerata Oaxaca en el Centro Cultural San Pablo, en un programa dedicado al Día del Amor y la Amistad. Más allá del carácter del programa, fue una buena oportunidad para conocer de cerca el trabajo de esta agrupación.
La Camerata está integrada por músicos que provienen de distintas instituciones de la Secretaría de Cultura y Artes de Oaxaca: la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, la Banda del Estado y la Orquesta Primavera. Esa mezcla se nota. Hay experiencia, oficio y, sobre todo, una intención clara de hacer música de manera más flexible y directa que en sus espacios habituales.
También es evidente que para ellos tocar en San Pablo tiene un valor especial. Es un espacio cuidado, con buenas condiciones acústicas y un público que escucha con atención. La difusión funciona bien, pero lo más importante es que ahí se genera otro tipo de dinámica: más cercana, más colaborativa. La Camerata no suena como una extensión de otras instituciones, sino como un proyecto con identidad propia, donde la camaradería influye directamente en el resultado musical.
El programa abrió con Ave de paso de Arcadio Ortega Domínguez y recorrió un repertorio conocido por el público: Por ti volaré, La vie en rose, Historia de un amor, Salut d’amour, Hasta mi final, Himno al amor, Júrame, el tema de Bridgerton, El cisne de Saint-Saëns —con Sergio Santiago en el violonchelo—, y música de Cinema Paradiso y La valse d’amour. Participó también el barítono Miguel Casas, sumando otro color al programa.
Para mí fue un primer encuentro muy positivo. Más allá del repertorio, lo interesante fue observar cómo un grupo de músicos con trayectorias distintas logra construir un sonido común en poco tiempo, a partir de la escucha y el trabajo colectivo.
Agradezco a la Fundación Harp Helú por sostener un espacio como el Centro Cultural San Pablo, que permite este tipo de proyectos y facilita una relación más directa entre músicos y público.





