«Las comunidades originarias mexicanas se han creado de manera natural y se reivindican constantemente». Esta frase, nacida en medio de charlas con mezcal con camaradas que hoy extraño, sirve como punto de partida para este texto. Su única intención es compartir una perspectiva personal y dar a conocer la profunda organización músico-comunitaria de Santiago Zoochila, el pueblo donde viví los 13 años más felices de mi infancia.
Crecer en esta comunidad zapoteca, a 107 km de la Ciudad de Oaxaca, me permitió un contacto natural con diversas prácticas culturales. La repetición constante de estos actos no generó en mí un cuestionamiento sobre su significado y valor. Sin embargo, el contraste abrupto al mudarme a la Ciudad de México y, posteriormente, al extranjero, me confrontó con otros sistemas de vida. Este proceso de «desnaturalización» hizo surgir en mí la necesidad de comprender el origen, el valor y el significado de dichas prácticas.
La Banda Municipal: un motor de la comunalidad
Desde mi niñez, mis padres me incentivaron a contribuir a la comunidad. Así, me uní a la Banda de Música Infantil Municipal, fundada en 2004 por el maestro Pedro Illescas, oriundo de Zoochila, quien regresaba a su tierra tras completar sus estudios musicales en la Ciudad de México. Después de meses de clases diarias de solfeo y práctica instrumental, un año más tarde, más de 40 niños y jóvenes, de entre 7 y 20 años, formábamos parte de la nueva banda. Con un repertorio incipiente, comenzamos a presentarnos en la comunidad, y fue la música la que nos conectó de manera circunstancial con un sistema de normas y prácticas que se reproducen hasta hoy.
En México, el sistema de Usos y Costumbres es la forma de autogobierno de muchos pueblos originarios, amparado por el Artículo Segundo de la Constitución Política Mexicana. En Oaxaca, el estado con mayor población indígena, las comunidades establecen funciones específicas para sus habitantes. A finales del siglo XX, algunos antropólogos de la Sierra Norte denominaron a esta forma de organización «comunalidad».
En Santiago Zoochila, un pueblo de aproximadamente 500 habitantes, los primeros tres días de enero de cada año la Asamblea Comunal (conformada por jefes de familia, el consejo de ancianos, madres solteras y jóvenes mayores de 18 años) establece las pautas de trabajo anual. Entre estas, se definen las actividades de la Banda de Música Municipal. La banda y sus músicos tienen responsabilidades y garantías, delegadas por acuerdos comunitarios que datan de hace casi 100 años. Estas responsabilidades les exigen participar en actividades sociales, cívicas y religiosas sin recibir remuneración económica. Son actos de reciprocidad que dan sentido a la comunidad.
A cambio, su trabajo es valorado y premiado con garantías que los eximen de otros compromisos que un ciudadano sin vocación musical debe cumplir, como servir un año como policía, regidor o presidente municipal, actividades que tampoco son remuneradas y que mantienen el orden en el pueblo.
Música, rito y fiesta: el tejido de la identidad
Los Usos y Costumbres, a través de la música, dan muchas de las respuestas sobre la vida de los pueblos indígenas de Oaxaca. En estas comunidades, la música, los ritos y la fiesta están profundamente arraigados. La fiesta es la máxima representación y momento de reafirmación de la identidad comunitaria. Esto, sumado al relieve montañoso de la Sierra Norte, ha fortalecido la reproducción de prácticas colectivas entre los habitantes. La fuerte influencia de la religión católica también es un factor clave, creando un vínculo íntimo entre la música y el calendario litúrgico.
Aunque no hay registros exactos de la fecha de fundación de la banda, partituras del siglo XX sugieren que su origen se remonta a principios de esa centuria. Algunos hitos importantes incluyen:
- 1921: Se firman los primeros Estatutos Comunales, otorgando responsabilidades y garantías a los músicos.
- 1962: Tras conflictos armados, la banda comienza a participar en fiestas religiosas de otras comunidades a cambio de bienes materiales para la reconstrucción del pueblo.
- 1983: Con apoyo de migrantes zoochileños en la Ciudad de México, la banda realiza su primera presentación fuera del estado, ganando gran respeto en la comunidad.
- 1985: La economía local se vuelve sostenible, permitiendo la compra de instrumentos profesionales con apoyo del municipio y asociaciones de migrantes en Oaxaca, Ciudad de México y Los Ángeles.
- 1987: Se crea la «Banda Nueva Generación», nombre actual de la agrupación, bajo la dirección del maestro Gilberto Baltazar Aguilar.
Hoy en día, la Banda de Música de Santiago Zoochila es una de las agrupaciones más reconocidas de la Sierra Norte. Su organización y la de la comunidad han asegurado la permanencia de sus músicos, resultando en un ensamble sólido con un repertorio de compositores locales.
Las comunidades originarias de México nos conectan con nuestras raíces, nos inspiran y nos ayudan a reafirmar nuestra cultura como una nación unida a través de la diversidad. En esta era de la globalización, el arte es un ejemplo de unión, disciplina, constancia y respeto. A través de la música, reafirmamos nuestra identidad y contribuimos a construir un país y una sociedad mejores. Santiago Zoochila es un ejemplo de comunidad, con más de un siglo de historia y un futuro prometedor.
Fco. Javier VARGAS LUNA
Estrasburgo, Septiembre 2019




